31 October 2007

Linda y el océano

Es fascinante ver como Linda continúa moviéndose hacia el sur. Por supuesto, su ritmo es mucho más lento que el de los dos machos pero es toda una enseñanza. ¿Qué es lo que la hace volar tan mar adentro en lugar de volar sobre la línea costera? ¿Qué está haciendo allá afuera? ¿Qué es lo que la hace escoger esa ruta? ¿Porqué no voló por la ruta migratoria central? ¿Porqué no está tan apurada en su viaje hacia el sur para reclamar su “territorio de invierno o austral”? ¿Regresará a la misma área en Antofagasta, Chile? Si es así ¿cuando llegará? ¿Exactamente cuanto tiempo le llevará su migración hacia el sur? ¿Hace esto cada año?

Sin transmisores GPS, no sabríamos que todo esto ocurre, mucho menos nos hubieramos imaginado cuantas nuevas preguntas están siendo generadas por su comportamiento tan extraordinario.

Ayer en la mañana partí de la casa de Bill Clark e Ildiko Szabo en Harlingen, Texas. Muchas gracias por su hospitalidad. Después de completar algunos de los preparativos finales (por ejemplo, México no reconoce el seguro de autos de los Estados Unidos y uno tiene que obtener una póliza especial para entrar al país), comencé mi viaje hacía el sur en compañía de Shirley Vanderveen, otro miembro de FRG. Ella está manejando hacia Belice para reunirse con los colegas de Belize Audubon Society para platicar acerca de sus programas de conservación. Hemos decidido viajar en caravana con los dos vehículos. Ella está viajando en una camioneta Land Rover llena de accesorios.

El primer día llegamos hasta Ciudad Victoria y hoy llegamos a la ciudad de Cardél en Veracruz. A medida que cruzamos el Trópico de Cancer, no pude más que recordar como me dediqué a ver a los halcones a través de internet hacer lo mismo la primavera pasada.

He estado constantemente conciente y azorado acerca de las distancias tan enormes que cubren estas aves. Por supuesto, no parece tanto en nuestras pequeñas pantallas de computadora, pero les aseguro que es una distancia muy grande, que parece interminable y completamente increíble e inspiradora. El día de hoy manejamos y manejamos, muchas veces a 100 Km. por hora, y solamente cruzamos una parte de México. Todo esto con la ayuda de combustibles fósiles altamente refinados, sin utilizar nuestra propia fuerza, excepto un poco de movimiento del pie en el acelerador y freno y un poco de movimiento de nuestros brazos en el volante. Creo que la mayoría de nosotros nos olvidamos la mayor parte del tiempo, pero estas aves son realmente un milagro. Que tarea tan extraordinaria, que precio están pagando y que perfectamente, perfectamente evolucionados están para este tipo de viaje.

Ahora estoy sentado en el restaurante del famoso Hotel Bienvenido en Cardel, Veracruz, escribiendo esta nota a las 10:30 de la noche, obviamente algo cansado; pero mucho mas maravillado por estos halcones que antes.